Disidencias. David Lago González.
David Lago González en El Penthouse de Heriberto.
David Lago González en El Penthouse de Heriberto.
LA CASI VIDA DE PORFIRIO
Porfirio ya no recordaba cuándo fue la última vez que había sido él mismo al completo, sin dobleces ni ambages, vivía en el mundo de la indefinición, se había acostumbrado a ser pero sin ser realmente, a sentir pero sin sentir completamente, a desear pero sin una convicción absoluta. Vivía en el mundo del casi casi, no recordaba cuándo ni por qué descubrió que el mundo del casi casi era su verdadero mundo, un mundo ideal para un SS como se llamaba él a sí mismo. Porfirio se levantaba por la mañana y en un acto casi reflejo comenzaba a pensar en las sistuaciones casi casi que había vivido el día anterior. Gustaba de ir a los grandes almacenes y coger diferentes productos acercándoselos a la bolsa como si fuera a robarlos, algunas veces la adrenalina había alcanzado tal nivel que en un acto de heroísmo había conseguido acercarse al guardia de seguridad y había representado su papel de falso hurtador con la descarga energética que le producía el saberse mirado y observado. Por supuesto, todo aquello no dejaba de ser un mero papel teatral porque nunca se le pasó por la cabeza el ser un ladrón de verdad, el completar el acto le hubiera sacado de su mundo del casi casi para pasar al mundo del ser real, total ,completo, y él , recordemos, era sólo un ser a medias.
En cuanto al sexo, Porfirio había encontrado en el casi casi su verdadera erótica del placer, no pensaba que aquello pudiera ser una parafilia simplemente lo consideraba un complemento, el aderezo más apropiado para su yo SS al que él tanto apreciaba. En la oficina donde pasaba las horas intentando trabajar había encontrado en sus compañeras el vehículo ideal para dar rienda suelta a ese ser a medias, había descubierto que entre la realidad y la ficción había un mundo a medio camino, y era el mundo del fetichismo, el mundo mágico de la transformación a través del símbolo. Porfirio era fetichista, llevaba siempre colgado o en su bolsillo una piedra de jade cuyo significado real sólo él conocía. Éste sí era su verdadero juego de ser a medias, aunque en un principio así no lo percibiera porque el fetiche se había convertido para él en su piedra angular, en su tótem sacrificial, el placer que le proporcionaba le hacía sentirse casi casi completo.
El poder de la piedra era sólo conocido por él los demás podían mirarla, tocarla acariciarla sin saber el verdadero alcance mágico que dicho mineral poseía cuando comenzaba el ritual de la autosatisfacción, la erótica del placer onanístico, por otra parte, la única erótica verdadera a la que podía aspirar ; Porfirio tenía pánico a las mujeres, las consideraba seres maléficos siempre con intenciones subterráneas capaces de succionarle, subyugarle hasta acabar con su más pura esencia.
Lo que en principio parecía ser un simplemente juego, un mero desahogo sin más, se convirtió en su única y verdadera sexualidad, cuando sacaba el jade ante sus compañeras éstas se veían atraídas por la piedra, la cogían, la acariciaban sentía su tacto suave y pulido.Era perfecto nadie relacionaría los dos componentes principales del jade: la jadeíta, la nefrita y la serpentina, como las verdaderas cualidades mágicas del tótem tan apreciado. La piedra metamórfica cumplía su función, le hacía sentirse superior, poderoso, como una sacerdotisa que custodia el verdadero poder de creación y transformación de su ídolo maléfico.
Para ciertas ocasiones especiales, aquellas en las que la víctima del engaño era merecedora de un trato algo más especial, quizá por haber desarrollado en él una mayor atracción o por sentirse poderosa y animalmente inclinado hacia ella, sacaba un jade labrado; la piedra, entonces, adquiría forma, la metamorfosis llevaba incluida la simbiosis y el tótem reflejaba ya no sólo su falo sino el elemento complementario, el que le daba verdadero sentido, poder y vida. En esas ocasiones Porfirio sacaba su joya, un jade que representaba una zorra comiendo las uvas. La zorra que abriría sus puertas, las puertas del placer supremo y le haría alcanzar, en la soledad de su miserable vida agónica, un ápice de goce supremo que él consideraba celestial.
En una ocasión, no consiguiendo alcanzar el umbral de placer buscado e intuyendo que las puertas de lo que él consideraba el cielo no iban a ser suficientes para calmar su deseo, logró ser casi casi un amante, trasladó al ámbito amoroso el juego que tanta emoción le producía en los grandes almacenes; el convertirse en casi casi amante era una situación de superexcitación paralela a cuando simulaba los intentos de robo delante de los guardias jurados, era bordear la línea de la realidad, pasar del casi casi le veo una teta , al casi casi podría correrme con ella.
Porfirio ,no en vano, sabía que tenía que cambiar, aquella erótica del ser a medias le estaba estrangulando, sentía añoranza y dolor por el vació que había dejado en él aquellos años en que fue capaz de sentirse un ser completo y pleno, hacia ya ¡tanto tiempo de eso¡, que apenas podía recordarlo, quedaban huellas indelebles de la satisfacción de sentirse completo y real y no podía vislumbrar, nada más que a partir de recuerdos quizá inventados, cuál había sido la causa, el tránsito hacia este nuevo tipo de existencia donde el goce y agonía iban unidos, vida y muerte, eros y thanatos estaban presentes en su existencia de forma indeleble como el acíbar a la derrota, o el sufrimiento a la muerte; había comenzado a sentirse cansado, hastiado y buscaba desesperadamente un refugio donde poder encontrarse, al fin, de nuevo, donde poder mirarse al espejo y no ver únicamente un fantoche di legno, una máscara histriónica a la que sólo le queda entrar en los años de la vejez, sino ver a la persona que¡ por fin¡ le queda por vivir el resto de su vida en completa armonía con su cuerpo y sus sentimientos…Y así, en un estado de angustia, pena y amarga aflicción ,Porfirio, una buena mañana, armándose de valor y de un arrojo desesperado se dijo: “Esto tiene que cambiar…”
PEPA Roble
Es un espacio donde recogemos las noticias, videos, entrevistas, reportajes sobre los latinoamerican
Con retraso sobre el plan previsto, esta semana hemos concluido en clase el estudio del Decamerón de Boccaccio. Como actividad final propuse una investigación sobre la vida y obra del autor a partir de un conjunto de cuestiones. Tras la búsqueda de la información dedicamos tres sesiones a la puesta en común de la misma. El resultado del trabajo colectivo he intentado resumirlo en los esquemas que dejo a continuación por si a alguien pudiera servir.
Boccaccio. Vida y obra.
Estructura del Decamerón.
Temas del Decamerón.
Personajes de la obra.
La “novella” como nuevo género.
AMANECER EN EL MAR
María Ángeles Asensio
Despunta el alba… Ya ha despertado
un sol ardiente, que enamorado
con finos rayos la playa roza,
y esa caricia suave que goza
deja en la arena tono dorado.
Meto en el agua mi pie descalzo,
siento la espuma cuando lo moja,
oigo un sonido… Los ojos alzo…
¡Son gaviotas!, y se me antoja
que vuelo libre… -Mientras me calzo-.
La fresca brisa que ha levantado
trae un aroma de mar salado,
de alga y cieno, ¡de caracola!
Se apaga el faro, y una aureola
en su horizonte se ha iluminado.
Va amaneciendo… Despunta el alba,
y en la bahía que tiene el puerto
se apagan luces; y ese concierto
de colorines rojo y malva,
te anuncia el día que ha descubierto.
Barcos de pesca van regresando…
borlas de encaje vienen dejando
tejiendo estelas sobre las olas,
y un marinero se oye cantando
las habaneras que trae de coplas.
Va amaneciendo ya mientras tanto…
Se mece el aire al son del canto;
su melodía y su sentimiento
¡Me llega al alma!, es cuando siento
que a sal marina me sabe el llanto.
Este soneto del no muy conocido Francisco de la Torre siempre me ha parecido una de las cumbres de la poesía del siglo XVI. La serena invocación a la noche en el primer cuarteto y esa mezcla de abatimiento y resignación con la que el resto del poema transcurre hasta desembocar en el último verso producen una rara sensación de belleza entregada al dolor, pero no dominada por el sentimiento, sino más bien fundida, abrazada al dolor.
Hay un tono prerromántico, si se quiere ver así, pero Francisco de la Torre es todavía un poeta clásico. No deja que el sentimiento predomine sobre la forma. Y sin embargo, ¡qué capacidad de hacernos sentir!, ¡qué emocionada sinceridad sin aspavientos!
Decididamente, cuando se perdió la forma se perdió también el contenido. Empezamos por sacrificar la retórica a la “expresión del yo” y hemos acabado por no poder expresar un “yo” auténtico, sino puras fantasmagorías.
¡Noche, que en tu amoroso y dulce olvido
escondes y entretienes los cuidados
del enemigo día y los pasados
trabajos recompensas al sentido!
Tú, que de mi dolor me has conducido
a contemplarte, y contemplar mis hados
-enemigos ahora conjurados
contra un hombre del cielo perseguido-
así las claras lámparas del cielo
siempre te alumbren, y tu amiga frente
de beleño y ciprés tengas ceñida,
que no vierta su luz en este suelo
el claro sol mientras me quejo ausente;
¡De mi pasión bien sabes tú y mi vida!
El oficio de escribir desde Barranquilla para el mundo y según algunos de sus seguidores y allegados
A mediados del siglo XXI, Kivrin, una audaz estudiante de historia, decide viajar en el tiempo para
Fatema Mernissi: socióloga, feminista, escritora, activista.
Esta sonriente y colorida mujer se llama Fatema Mernisi. Es una socióloga dedicada al trabajo de comprender no sólo su sociedad sino esa otra sociedad que tiene el vicio de creerse la única sobre el planeta: la sociedad occidental. Y lo hace con una actitud que recuerda a la pequeña Libertad, la amiguita más explosiva de Mafalda y la más corta de estatura: lo mío no es desfachatez, es soltura.
Y la soltura de Mernissi le hizo posible entrar en un país del mundo simbólico occidental directamente relacionado con las mujeres: el del harén. Mernissi lo relata con alegre sorpresa, la que le permite la perspectiva, pero también recuerda el asombro y hasta el enojo que le produjeron las sospechosas sonrisas de los periodistas cuando ella decía: “Es cierto, yo nací en un harén”. Con esta sencilla frase Mernissi abrió la puerta que la llevó a comparar las representaciones de las mujeres en su sociedad musulmana y la sociedad occidental por medio del estudio de tres figuras: el harén, la cortesana y Scheherezada. Y en su preguntar y trasegar, Mernissi encontró una fascinante clave para comprender la persistencia y la diferencia de este trío en las dos culturas: el poder de la imagen. He aquí un fragmento de ese maravilloso momento de iluminación:
Sí, pensé, acababa de encontrar la respuesta a mi enigma. A diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación por medio del uso del espacio (excluyendo a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz. Este último afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (…) Fijar esa imagen de niña en la iconografía como ideal de belleza condena a la mujer madura a la invisibilidad“.
En su libro El Harén en Occidente, Mernissi nos lleva con humor y honestidad por el camino que tuvo que recorrer para comprender las fantasías masculinas occidentales con los harenes y las scheheradas, pues para ella el harén no tenía nada de poético y mucho menos sensual. Esta exploración está ligada a su trabajo dedicado con las mujeres y su historia en la sociedad musulmana. Claro, como mujer en una sociedad aún tan signada por el género como la musulmana, Fatema Mernissi cuenta con desafíos que la ponen como una extraña en el mundo académico; siendo una persona creativa y fuerte, ella ha transformado esos desafíos en herramientas valiosas para entender su sociedad, para construirse en ella y para plantear una crítica que permita legitimar los variados roles sociopolíticos de las mujeres, roles que han ejercido durante la historia de los países musulmanes y que son pisoteados por el fundamentalismo conservador.
El libro de Fatema Mernissi.
Curiosamente sus conclusiones resultan muy aplicables al medio occidental y su propio conservatismo -tal vez más laicizado- pero en el que se manejan estrategias de poder terribles para una gran parte de la población femenina. Al entrar en occidente, Mernissi es dos veces extraña: mujer y musulmana; su extrañeza y su capacidad para preguntar la llevan a buscar en los lugares que, a primera vista, son los menos propicios para una pesquisa intelectual. Y así en su libro cita al sociólogo Pierre Bordieu para redondear su idea:
“Al confinar a las mujeres al estatus de objetos simbólicos que siempre serán mirados y percibidos por el otro, la dominación masculina las coloca en un estado de inseguridad constante. Tienen que luchar sin cesar por resultar atractivas, bellas y siempre disponibles”.
Esta dama tan colorida, tan inquisitiva y tan honesta es una gran guía. Y para parafrasear un proverbio sufí, podríamos finalizar diciendo que es ella la que nos interroga, la que llama a nuestra puerta y nos plantea nuevas perpectivas: ¿quién toca a tu puerta, discípulo? -Tú, maestro. -Entonces, puedes pasar.