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Kurupí

Es en este cuento de Roa Bastos donde algunos conceptos trabajados por la crítica latinoamericana aparecen de manera más clara. Desde el comienzo, partiendo de esa figura central en el relato, la del Cristo de madera (el Cristo Leproso), vamos a encontrar un movimiento transculturador que va a influir en todo un sistema de creencias y de costumbres culturales, en tanto veremos cómo la cultura originaria deja espacio no para la adquisición de una cultura diferente, sino para la construcción de un tercer fenómeno a partir de estos dos extremos, que podríamos denominar, entonces (en tanto tercer fenómeno surgido de dos anteriores), un fenómeno neoculturador .

Este tercer producto (por llamarlo de alguna manera) parte de la base cristiana colonizadora y le imprime una impronta guaraní que se sitúa lejos de ese sistema de creencias. El Cristo de Tupá Rapé se instala casi por fuerza popular, por la fuerza de su propio peso, ya que en un principio la Curia (quien se erige como signo visual de aquel primer extremo colonizador, europeo, y netamente cristiano) no deja entrar a este Cristo pagano a la iglesia, y al final “no tuvo más remedio que ceder… mandaron bendecir la imagen y dieron el permiso” (Roa Bastos; 1976:125). Esta figura, de esta manera, empieza a tener legitimidad institucional y va a ser usada ocasionalmente (básicamente por su poder de convocatoria) por los sectores hegemónicos que tienen el poder en Itapé. En “Kurupí” es interesante justamente esto: cómo se deja en evidencia las formas de ser de este proceso transculturador. No se reduce sólo a la presentación de un tercer producto cultural que surge a partir de dos extremos encontrados, sino que también podemos ver cómo este producto se instala en una sociedad y pasa a ser parte naturalizada de los rituales cívico-religiosos (es finalmente con “ese Cristo” que los itapeños hacen la Semana Santa, lo que se denomina “el Calvario de Tupá Rapé”).
Ahora bien, para Cornejo Polar “el espacio donde se configuraría la síntesis (del proceso transculturador) es el de la cultura hegemónica; que a veces obviaría la asimetría social de los contactos que le dan origen” (Polar, 55). A partir del Cristo Leproso sería interesante pensar esta cita: es decir, ¿podemos afirmar que el proceso transculturador en este caso surge desde el sector hegemónico, o es producto de un sector altamente marginado? (la construcción de un recluido social, Gaspar Mora, de un Cristo de madera que el conjunto de los itapeños empieza a adorar y la iglesia en tanto institución en un principio rechaza). En todo caso lo que podemos pensar, a partir de este proceso de base evidentemente cristiana, es la influencia que este sector dominante está ejerciendo sobre las bases populares, para que si bien con influencias marcadamente paganas se construyera al fin de cuentas un Cristo de madera capaz de captar la devoción y el fanatismo de las mayorías con raíces guaraníes. En este sentido, creo, lo que atestigua el Cristo Leproso es, por un lado, la capacidad de los sectores dominados de producir procesos transculturadores, y por el otro la terrible fuerza del sector dominante en las costumbres cotidianas, culturales y religiosas, de estos sectores dominados. En este sentido considero que el Cristo Leproso no es una simple “mezcla” de tradiciones culturales diferentes, ni considero que la relación asimétrica de estas dos tradiciones esté del todo oculta en el proceso transculturador que muestra Roa Bastos.
Finalmente y teniendo en cuenta esto último (la capacidad de los sectores dominados de producir procesos transculturadores) sería interesante pensar, aunque las conclusiones excedieran los límites de este artículo, los dos criterios que Rama le agrega al proceso de transculturación propuesto por Ortíz: los criterios de selectividad y los de invención . Por un lado pensar sobre todo la funcionalidad de la selección hecha por el receptor cultural (en este caso Gaspar Mora); es decir la elección de la imagen de Cristo dentro de todo el “abanico de aportaciones” de la cultura de dominación (en este caso la cristiana europea). ¿Cuáles son los elementos que viene a aportar esta imagen cristiana a lo contingente de este proceso particular referido a lo personal (qué atrae de la figura de Cristo a Gaspar Mora) y en lo referente a lo cultural en términos generales (qué encuentran los itapeños en este Cristo resignificado)? Y por el otro lado pensar cuáles son los elementos agregados de la propia cultura; es decir cuál es el margen de invención y sobre todo la funcionalidad de estos elementos en este nuevo sistema de sentidos que es el Cristo Leproso: un Cristo milagroso, evidentemente pagano, donde habita el alma de un muerto por el mal de San Lázaro, en la propia madera con la cual está hecho, como “empayenada por el milagro” .

 

BILBIOGRAFÍA:

-          CORNEJO POLAR, Antonio; “Mestizaje, transculturación, heterogeneidad”, en Asedios a la heterogeneidad cultural, XXX, XXX.

-          ORTÍZ, Fernando; “Del fenómeno social de la `transculturación´y de su importancia en Cuba”, en Contrapunto cubano del tabaco y del azúcar, La Habana, Ed. Casa, 1983.

-          RAMA, Ángel; “Transculturación y género narrativo”, en Transculturación narrativa en América Latina, México, Siglo XXI, 1982.

-          ROA BASTOS, Augusto; “Kurupí”, en El Baldío, Buenos Aires, Editorial Losada, 1976.

-          Rubén Bareiro Saguier; Niveles semánticos de la noción «personaje» en las novelas de Augusto Roa Bastos, en Biblioteca CervantesVirtual.

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