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Dune

Pocas obras de literatura de ciencia ficción pueden presumir de haber creado un universo tan complejo y tan detallado como el que Frank Herbert imaginó en sus novelas. Quizás sólo se puede comparar a la saga de la Fundación de Isaac Asimov; si bien ésta, la cual conozco en profundidad, se me antoja más de cartón piedra y repleta de personajes menos consistentes y con demasiada importancia a los robots. Asimov es muy entretenido e inteligente; pero Herbert, siendo más denso, es también más profundo y rico en matices. Me atrevo a compararlo con Tolkien en el mundo de la fantasía, salvando todas las distancias: hay mundos, razas, misterios, lenguajes, etc., muy pensados, analizados, sintetizados e hilvanados.

La saga de Dune es larga y complicada. No la he leído entera, pero en ello estoy. Devoré los tres primeros libros (Dune; El Mesías de Dune; y Los Hijos de Dune) siendo aún adolescente. Y los he releído tantas veces (son densos y voluminosos) que casi me los sé de memoria. Son simplemente magníficos y nadie que guste de la literatura (sin más) y con el apellido de ‘ciencia ficción’, debería dejar pasar de largo.

No se pueden definir como libros de acción o aventura, si bien existe en ocasiones; pero de forma muy medida y lenta. Las novelas avanzan despacio, con mil matices, argumentos y subargumentos (‘fintas dentro de las fintas’; ‘planes dentro de los planes’). Aunque transcurre en un universo amplísimo –se llega a decir que hay un millón de planetas habitados dentro del Imperio–, la mayor parte de lo que sucede forma parte de las mentes –retorcidas, a veces diabólicas y siempre sorprendentes– de los personajes. No es lugar para desvelar argumentos. Pero el transfondo es un planeta desértico, Arrakis/Dune, en el que existen unos gusanos gigantes y una especia llamada melange con extrañas propiedades que la convierten en la sustancia más importante del Universo Conocido (detallo esto último porque tendrá su importancia en sucesivas novelas). Las luchas de poder, político, militar, comercial, religioso, incluso mesiánico, compondrán el entramado sobre el que decenas de personajes perfectamente creíbles (por lo actuales y humanos en todo el sentido de la palabra) irán participando a lo largo de… miles de años. Sí, la saga abarca decenas de miles de años; si bien la trilogía primera y principal se centra en un período fundamental para el universo y el imperio de pocas décadas: la vida de Paul Atreides.

Posteriormente, en los años 80, el autor escribió otras tres novelas (¡que aún no he leído!): Dios Emperador de Dune; Herejes de Dune; y Casa Capitular de Dune. Conozco las líneas argumentales principales pero, por alguna razón que no entiendo, no los compré en su momento; y ahora aún tendrán que esperar un poco. Porque tras la muerte de Herbert, su hijo Brian Herbert y Kevin J. Anderson comenzaron a escribir precuelas de la serie, guiados tal vez por esa misteriosa Yihad Butleriana que tanta importancia tenía en el ‘aspecto nada informático’ de ese Imperio Galáctico. Las tres novelas (verdaderos tochos como los de su padre) fueron: Dune, La Yihad Butleriana; La Cruzada de las Máquinas; y La Batalla de Corrin. En ellas se narra la lucha de la humanidad (más cercana a nosotros) contra una máquina que tomó conciencia (Omnios) precursora de Internet, de los Terminator y de los mil y un ejemplos que a todos se nos ocurren. En esa lucha a muerte –literalmente– se presentan algunas familias que luego tendrán un papel crucial en la trilogía principal: Atreides, Harkonnen y Corrino, por ejemplo, así como los orígenes de las Bene Gesserit, la Cofradía Espacial y la CHOAM. Los libros están escritos de una manera muy distinta a como lo hizo Herbert Senior y, tengo que decirlo, sin el portentoso talento de éste. Aún así, son interesantes, entretenidos y conviene leerlos para hacerse una idea previa de los acontecimientos que dieron lugar a un universo y un imperio como el que describe Dune. Los he leído los tres.

Lejos de detener ahí su ingente producción de páginas, Herbert Junior con su compañero pergeñaron otros tres tochazos que narran los hechos previos a la trilogía principal: la vida del abuelo y el padre de Paul Muad’Dib, y la explicación del papel crucial de Arrakis en todo el tinglado galáctico. Estas novelas son: Casa Atreides, Casa Harkonnen; y Casa Corrino. En su atenta lectura estoy, porque requiere su tiempo atravesar los pliegues del espacio tiempo de las miles de páginas, y no cuento con melange para acelerar el proceso.

Pero esto aún no ha terminado. Una vez muerto el bueno de Frank, y usando taladros para abrir su caja fuerte, encontraron manuscritos, notas y referencias para componer dos novelas más: Cazadores de Dune; y Gusanos de Arena de Dune. Aquí la cosa debe de ser ya un poco surrealista, porque se engarza con el principio… perdón, me callo ya.

Y ahora, viendo una web, descubro que siguen escribiendo secuelas, con novelas que encajan entre las anteriores, al menos una tras Dune y otra tras Mesías de Dune. Pero hay todavía más y creo que nunca dejarán de extraer el mayor beneficio de Arrakis, igual que sucede en la saga. Igual que sucede allá donde haya un humano.

Aquí tenéis todas las novelas habidas y por haber de Dune, algunas de las cuales no creo que estén traducidas. Recomiendo empezar por las tres centrales (Dune, Mesías e Hijos) y luego ya… a voluntad.

Quizás alguno recuerde la adaptación cinematográfica que David Lynch realizó en 1984. Bufff, no sé qué decir. Los ochenta fueron muy malos en lo ‘visual’: esos pelos que llevábamos, esas ropas y maquillajes. La elección de los personajes me pareció pésima (Paul Muad’Dib es diametralmente opuesto al insoportable Kyle MacLachlan, con esa melenita y más blando que la mierda de pavo…; y un pasadísimo de vueltas Sting…). Visualmente me desagrada, aunque sé que a mucha gente le apasiona. Para el que no conozca la novela el argumento es estúpido; para el que la conozca, es ¡distinto! y peor que el original. Los diálogos no se mantienen, los efectos especiales son anteriores al ‘boom digital’ y en general, la película es penosa. Aún así, el adicto a Dune debería verla.

Posteriormente realizaron una mini serie en el año 2000 que pretendía ser más fiel al original: al menos disponía de varias horas para contar la historia y bastante presupuesto; sin embargo, la nefasta elección de actores, los cambios absurdos en sus características y personalidad y los giros tontos de guión que no tienen nada que ver con la novela, hacen que tampoco se pueda salvar mucho. Aún así, hay que verla. Está disponible en DVD y se puede encontrar en Internet para visualizarla online.

Y con mucha mejor fortuna, para mi gusto, se gestó la miniserie de 2004 que, con el título de Hijos de Dune, abarca los dos libros siguientes al principal: Mesías e Hijos. A mí me ha encantado y creo que refleja mucho mejor la idea, tanto visualmente como en el comportamiento de los personajes, que yo me había formado al leer los libros. Siempre hay cambios (que no entiendo muy bien) pero resulta mucho más fiel que las anteriores. Hasta las tías están muy buenas, cosa que es de agradecer. Como la anterior, se puede adquirir en DVD y visualizar en la red.

En resumen, el universo de Dune es fascinante. He leído mucha ciencia ficción y me parece, de largo, lo mejor. Para mí, como psicólogo y como (todavía) hombre es un manual de cómo piensan, se comportan y actúan esos estúpidos animales llamados seres humanos.

Y de cómo lo seguirán haciendo.

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