Cineclub: Esplendor en la hierba
Yo estoy deseando de que llegue el viernes para ver ‘Esplendor en la hierba’. De tan romántica y tan letal, debe ser deliciosa. Dice Carlos Losilla en la revista Dirigido que la última escena de esta peli es “para muchos la mejor de la filmografía de Kazan”. En ella, “Wood, recién salida del hospital psiquiátrico, decide visitar a Beatty con unas amigas, un trance por el que debe pasar si quiere liquidar de una vez por todas su pasado”.
Un pasado que remite a un amor imposible que en un momento dado pudo ser acreedor de un sueño americano que no llega a materializarse: para algo es un sueño y para algo es Elia Kazan, no hay más que ver ‘Río salvaje’. En un tono más manso, con más matices, es muy significativa la mirada triste de Montgomery Clift cuando sobrevuelan la isla finalmente desalojada y la presa que, a punto de abrirse, simboliza el progreso por el que él ha luchado y que ahora se traduce en tristeza, en duda.
Los sueños sueños son y América tiene toda una trayectoria contemporánea de claros y sombras que de forma melancólica pudo anticipar hace cincuenta años el director que ahora homenajean los héroes del cineclub.
Treinta años después y con otra pose, Beatty con la inigualable Madonna de quien fue novio en la realidad
En esa memorable escena final de ‘Esplendor en la hierba’, un desmejorado Beatty – aún no ha conocido a Madonna, eso llegó años más tarde en ‘Dick Tracy’ – recibe a esta Wood que trata de ajustar cuentas con ella misma. Siguiendo con la sinopsis recogida de la revista Dirigido, “las bulliciosas conversaciones entre los dos enamorados se precipitan hacia el lugar común, hasta que afloran las aguas torrenciales del pasado, mitigadas ahora por el paso del tiempo: ‘Nunca te olvidaré’ dicen ambos casi al mismo tiempo”.
¡Me muero! Losilla también lo hizo en su adolescencia, y luego, ya adulto y pasada la treintena, cuando falleció Kazan y redescubrió el título al que elogia sin fisuras: “La intensidad de estos momentos, la emoción que destilan, las complejas relaciones que sugieren, dejan bien claro que, al contrario de lo que parecía en un principio, en esta historia no hay ni buenos ni malos, ni héroes ni traidores”.
Los padres de los jóvenes que fueron Beatty y Wood quisieron, con sus torpezas, lo mejor para sus hijos, y ellos se extraviaron un poco en la juventud para extraviarse definitivamente más tarde: desoyendo la llamada de ese amor puro que tan pocas veces puede alcanzar algo más que a dicha pureza. Como en tantas familias, como en tantas relaciones, aquí, en USA y en Pekín: “entonces la novela rosa, el panfleto social, dejan ver al desnudo la verdad oculta entre bastidores”.
Los Estados Unidos, medio siglo después, sueñan cada vez menos. Después de leer ‘La vida, un estadio intermedio’, de Carsten Bresch, por cuya recomendación siempre estaré agradecido, porque me amuebló la cabeza de un modo científico a la par que sugerente, sobre la esencia de la humanidad, su evolución, su punto de inflexión…; me meto de lleno en el análisis político con un libro que he encontrado de un antiguo editor de la revista Foreign Affairs, Faraid Zakaria: el libro se llama ‘El mundo después de USA’.
Comienza así: “Este libro no trata del declive de América, sino del ascenso de todos los demás. Trata de la gran transformación que está ocurriendo en el mundo, transformación que, aunque se discute con frecuencia, sigue comprendiéndose poco. Pero es natural; los cambios, incluso los radicales, suceden de manera gradual. Por mucho que hablemos de una nueva era, el mundo parece el mismo que conocemos. Pero en realidad es muy diferente”.





























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